Por Pipo Rossi

El Doctor Don Juan Hipólito del Sagrado Corazón de Jesús Yrigoyen Alen nació, en la ciudad de Buenos Aires, el 12 de Julio de 1852. Más tarde, “se convirtió en Abogado y Profesor de Historia y Filosofía”.

Junto a su tío, el Doctor Don Leandro Alem (hermano de su Señora Madre), participó en la creación de la Unión Cívica de la Juventud (UCJ), en 1889, la Unión Cívica (UC), en 1890, y la Unión Cívica Radical (UCR), en 1891. Además, “acompañó activamente las Revoluciones Radicales de 1890 y 1893”.

En 1896, tras el suicidio del Doctor Don Alem, se convirtió en el principal conductor y Caudillo del Primer Movimiento de Masas del Siglo XX, planteando “la Intransigencia, la Revolución y la Abstención electoral”, ante el Régimen Liberal Oligárquico.

También, lideró la Revolución Radical de 1905, presionando la sanción de la Ley Sáenz Peña (de voto secreto, obligatorio y universal masculino), producto de la cual fue electo, por la Unión Cívica Radical (UCR), en dos oportunidades, Presidente de la Nación Argentina (1916-1922 y 1928-1930).
El Doctor Don Yrigoyen, “fue un hombre austero de firmes convicciones, que donaba su sueldo a la Sociedad de Beneficencia y a diferentes Escuelas”. Además, “atendía cotidianamente, en la Casa Rosada, a los ciudadanos de todo el país”.

Durante sus Gobiernos se llevaron a cabo políticas económicas, sociales y culturales que beneficiaron a las grandes mayorías populares y nacionales, “quienes respaldaron al Caudillo”.

El 6 de Septiembre de 1930 fue destituido de su cargo de Presidente Constitucional por el primer Golpe de Estado Cívico-Militar, encabezado por el fascista General José Félix Uriburu (y respaldado por los sectores Conservadores, Radicales Antipersonalistas y Socialistas Independientes), siendo detenido, en varias oportunidades, en la Isla Martín García, hasta que, en Enero de 1933, fue beneficiado con un Indulto Presidencial, “que él rechazó”, siendo liberado, por última vez, y trasladado a Buenos Aires, con 79 años de edad y una salud muy deteriorada, “debido a las pésimas condiciones de su confinamiento”, producto de la cual falleció el 3 de Julio de 1933. Unos días antes expresó: “La estabilidad de la Patria sobre sus tradiciones de honor y sus bases constitutivas, su prosperidad creciente y sus glorias inmaculadas, fueron los impulsos, las iluminaciones de mi voluntad.”

El acompañamiento a su lecho de muerte “se ha convertido en una de las manifestaciones populares más grandes de la Historia Argentina”.