Por: Pipo Rossi

El General Don Martín Miguel de Güemes nació, en la Intendencia de Salta del Tucumán, el 8 de Febrero de 1785. Más tarde, durante su juventud, “estudió en la ciudad de Buenos Aires, en el Real Colegio de San Carlos”.

Luego, a los catorce años, ingresó a la carrera militar, “participando en la defensa de Buenos Aires, durante las Invasiones Inglesas de 1806 y 1807, como Edecán del General Don Santiago de Liniers”. Allí, en dicho acontecimiento, una bajante del Río de la Plata había dejado varado al Buque inglés "Justine" y el General Don Liniers “ordenó atacar el barco a un grupo de jinetes al mando del Soldado Don Güemes, misión que cumplieron satisfactoriamente”.

Posteriormente, tras la Revolución de Mayo de 1810, “colaboró con el Ejército del Norte, en la lucha contra los Realistas, y formó parte de las tropas victoriosas de la Batalla de Suipacha”. Más tarde, regresó a Buenos Aires y acompañó el Sitio de Montevideo (Banda Oriental).

En 1815 fue designado, por el General Don José Francisco de San Martín, “Comandante General de la Vanguardia del Ejército del Norte” y, el 15 de Mayo, elegido Gobernador de Salta, por su Cabildo, “desarrollando una política social que consolidó el afecto de los pobres”.

Luego, a fines de Noviembre, el General José Rondeau, tras ser derrotado en Sipe Sipe, “intentó quitarles 500 fusiles”. El General Don Güemes “se negó a desarmar su Provincia”. El conflicto llegó a oídos del Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, General Don Ignacio Álvarez Thomas, quien decidió “enviar una expedición al mando del Coronel Don Domingo French, para mediar en el problema”. Finalmente, el 22 de Marzo de 1816, se llegó a un acuerdo: “Salta seguiría con sus métodos de ´guerra gaucha´ bajo la conducción del General Don Güemes y brindaría auxilio a las tropas enviadas desde Buenos Aires”.

Dos días después, inició sus sesiones el Congreso de Tucumán, que designó Director Supremo al General Don Juan Martín de Pueyrredón. “El nuevo Jefe del Ejecutivo viajó a Salta, y quedó tan conforme con el General Don Güemes, que ordenó que el Ejército del Norte se retirara hasta Tucumán y ascendió al Caudillo Salteño al grado de Coronel Mayor”. El General Don San Martín apoyó la decisión del Director Supremo, “confirmó los valores militares y el carisma de Güemes”, y le confió la custodia de la frontera Norte, mientras que el General Don Manuel Belgrano también valoró la acción del Caudillo.

Mientras tanto, como Gobernador, el General Don Güemes decretó: “que quién preste servicios a la Patria como miliciano, mientras lo haga, no pagará arrendamiento de las tierras que alquila”, disposición que amplió luego convirtiéndola en un “fuero gaucho”.

Asimismo, reclamó a las familias acaudaladas “que realicen aportes para financiar los gastos de la defensa”, aunque con escasos resultados. Ante ello, les impuso “fuertes tributos y empréstitos forzados”.

A principios del año siguiente, en 1817, fue informado sobre los planes del Mariscal español La Serna de realizar una gran invasión sobre Salta. “Se trataba de una fuerza de 3.500 hombres integrada por los Batallones Gerona, Húsares de Fernando VII y Dragones de la Unión”. Estos, en aquellos tiempos, “eran veteranos vencedores de Napoleón”.

El General Don Güemes “puso a su Provincia en pie de guerra, organizando un ejército popular en partidas de no más de veinte hombres” y, el 1º de Marzo, “logró recuperar Humahuaca”.
Paralelamente, los realistas acamparon en las cercanías. “Habían recibido refuerzos y ya sumaban 5.400 soldados”. La estrategia del General Don Güemes fue “una aparente retirada, con tierra arrasada, pero con un permanente hostigamiento al enemigo”. En estas condiciones, el 16 de Abril, las fuerzas del Mariscal La Serna llegaron a Salta. “El boicot de la población fue absoluto y las tropas sufrieron permanentes ataques relámpagos”. El general español comenzó a preocuparse y sus tropas empezaron a desmoralizarse. Además, no le ayudaron las noticias que llegaron desde Chile, confirmando la victoria del General Don San Martín en la Batalla de Chacabuco. Así, el Mariscal La Serna “decidió emprender la retirada hacia el Alto Perú”.

Posteriormente, a principios de 1819, se produjo una nueva invasión realista. El General Don Güemes sabía que no podía contar con el apoyo porteño. Su adversario, el General José Rondeau, era el nuevo Director Supremo de las Provincias Unidas. Así, en Febrero de 1820, el General español Canterac ocupó Jujuy y, a fines de Mayo, “logró tomar la ciudad de Salta”.
Paralelamente, desde Chile, el General Don San Martín nombró al General Don Güemes “Jefe del Ejército de Observación sobre el Perú” y le pidió que resistiera. Gracias a ello, el General Canterac se retiró.

Finalmente, en 1821, el General Don Güemes debía atender dos frentes hostiles: al Norte los españoles y al Sur el Gobernador de Tucumán, General Bernabé Aráoz, que, “aliado a los terratenientes salteños, hostigó al Caudillo” y lo derrotó el 3 de Abril. “El Cabildo de Salta, dominado por los sectores conservadores, aprovechó la ocasión para deponer al General Don Güemes de su cargo de Gobernador”. Pero, a fines de Mayo, el Caudillo “irrumpió en la ciudad con sus gauchos, recuperó el poder y aumentó los empréstitos forzosos a sus adversarios”.

Más tarde, a las órdenes del Ejército Español, el Coronel salteño José María Valdés, alias "Barbarucho", avanzó con sus hombres y, el 7 de Junio, “ocupó Salta”.

El General Don Güemes estaba refugiado en casa de su hermana, la Señora Doña Magdalena Güemes de Tejada ("Macacha"). Luego, “al escuchar unos disparos, decidió escapar a caballo pero, en la huida, recibió un balazo en la espalda”. Así, “llegó gravemente herido a su Campamento de Chamical”. Allí, reunió a sus oficiales “y les transfirió el mando, dando las últimas indicaciones”.

El General Don Güemes falleció, en la Cañada de la Horqueta, el 17 de Junio. “El Pueblo salteño concurrió en masa a su entierro en la Capilla de Chamical y, el 22 de Julio, sus gauchos, liderados por el Coronel Don José Antonio Fernández Cornejo”, derrotaron a "Barbarucho" Valdés y “expulsaron para siempre a los españoles de la tierra natal del Caudillo Norteño”.