Fue figura central de la cultura argentina, autor de "Vallecito", "Puentecito de mi río", "Zamba de las tolderías" y "Pampa del Chañar", creador del programa radial "El Fogón de los Arrieros" y el conjunto La Tropilla de Huachi-Pampa.

Hoy se cumplen 65 años de la muerte de Buenaventura Luna, figura central de la cultura argentina, autor de canciones como "Vallecito", "Puentecito de mi río", "Zamba de las tolderías" y "Pampa del Chañar", que interpretaron grandes figuras y creó el emblemático programa radial "El Fogón de los Arrieros" y el conjunto La Tropilla de Huachi-Pampa.

En sus 49 años de vida, Eusebio Dojorti -su verdadero nombre- "ejerció la militancia política y cultural, el periodismo, la autoría y composición de canciones, la creación, dirección y producción artística de grupos de música nativa, la redacción y animación de los libretos de sus programas radiales, la escritura, la poesía", recordó a Télam su nieto, el escritor Carlos Semorile.

Descendiente de un prisionero irlandés de las primeras Invasiones Inglesas, Dojorti nació el 19 de enero de 1906 en Huaco, provincia de San Juan, se crió en el campo donde conoció de primera mano -por participar en fogones de arrieros y travesías de troperos- los padecimientos de los desheredados, escuchó y atesoró los modos del habla popular, y entendió que la historia del pobrerío no aparece en los libros oficiales sino que está inscrita "en las cruces de los llanos”.

Sobre su aporte a la cultura argentina, el escritor y familiar indicó que "la clave reside en que antes de ser Buenaventura Luna, él fue un joven periodista y militante de la UCR Bloquista, una expresión regional del viejo tronco radical que, liderada por los hermanos Federico y Aldo Cantoni, estuvo a la vanguardia en leyes sociales, y fue precursora de algunas de las conquistas que luego implementaría el peronismo".

Semorile sostuvo que Dojorti cimentó su pensamiento -y, sobre él, toda su obra- sobre una matriz cultural mestiza, alejada tanto de un indigenismo purista y a-histórico, como de un españolismo de cuño conservador. "Pensó al mestizaje como un legado que no renegaba de ninguna de nuestras dos vertientes: la de la sangre y la del espíritu", apuntó.
"Esto le permitió comprender al criollo como al arquetipo del argentino, y valorizar sus luchas y sacrificios por la independencia, la soberanía y la justicia, desde el proceso emancipador en adelante, pasando por el federalismo de las montoneras y la irrupción de 'la chusma de alpargata' durante el yrigoyenismo, hasta la épica sublevación del 17 de octubre y su inmediata adhesión al peronismo", agregó el escritor, quien recopiló la obra de su abuelo en libros como "Olga y Eusebio, papeles resguardados al rescoldo del amor" (2006) y "El Canto Perdido y Los Manseros del Tulum" (2008).

Luna creó y dirigió La Tropilla de Huachi-Pampa (1937-1945), agrupación que difundió masivamente el repertorio folclórico y cuya repercusión llevó a la aparición radial de "El Fogón de los Arrieros".

Y varias de sus canciones han atravesado el tiempo por las interpretaciones de Eduardo Falú, Mercedes Sosa, Horacio Guarany, Horacio Fontova, Juan "Tata" Cedrón y Liliana Herrero, entre más.

Télam: Se cumplen 100 años de la radiofonía argentina ¿qué podrías comentar al respecto sobre "El Fogón de los Arrieros"?
Carlos Semorile: El 80 aniversario del inicio del "Fogón..." en la moderna Radio El Mundo, debería servirnos para deshacer algunos malos entendidos. Muchos lo consideran un tradicionalista férreo sin sopesar que, para llegar a audiencias masivas, Luna se valió del más avanzado de los medios de comunicación de la época. Buenaventura intentaba que -a través del "lenguaje sencillo y emocional" de las canciones- Argentina volviera a ser objeto de interés para los argentinos. Y su Tropilla iba al rescate de esa "patria más suave y dulce" que sus oyentes ya habían disfrutado durante el auge del criollismo. Llevó a la radio el habla popular, la misma que escuchó en las historias orales de los fogones. Juzgaba que la radio era el vehículo ideal para que las audiencias gozaran de "la palabra embellecida por la inflexión humana del sentimiento en el misterio del aire". Creía que "el de la palabra es el arte supremo", y los criollos de todo el país hallaron que "El Fogón..." era un espejo que los reflejaba con dignidad.

T: ¿Como recopilador, considerás que es reconocida su obra y su trabajo?
CS: Por un lado, es innegable el arraigo que su figura tiene en su propia tierra natal donde es considerado como "El Poeta", así sin más. En Huaco se lo recuerda durante los aniversarios de su natalicio y fallecimiento, en celebraciones donde los huaqueños se vuelcan masivamente a las calles. Y en todo Jáchal, cada vez que se toca "Vallecito" los jachalleros se ponen de pie para entonar el "himno" que los representa. Además, desde 1962 se lleva adelante la escenificación de su poema "El Fogón de los Arrieros", punto culminante de la "Fiesta de la Tradición Jachallera", una de las más antiguas del país.Por otro lado, su obra permanece a la espera de ser reconocida como un aporte más al Pensamiento Nacional, pues está emparentada a los planteos de hombres como Scalabrini Ortiz, Jauretche, Cooke, Hernández Arregui, Marechal, y otros. Siendo así, no es extraño que le suceda lo mismo que a ellos y que su nombre sea más mentado que estudiado.

A nuestro entender, queda "ensombrecido" detrás de la otra gran figura que en su momento rescataron -pero juntas- los creadores del Nuevo Cancionero: "Hasta el advenimiento de Buenaventura Luna y Atahualpa Yupanqui, el cancionero nativo se mantuvo en la etapa de formas estrictamente tradicionalistas y recopilativas". Pero a la larga, tanto la izquierda (los herederos ideológicos del Nuevo Cancionero) como la derecha (los "dueños" del tradicionalismo) prefieren entronizar una figura que no cuestione las bases del modelo liberal. Yupanqui remite, más allá de sus notables méritos poético/musicales, a un indigenismo y a un izquierdismo que no hacen daño. En cambio, Luna y sus planteos sobre una matriz cultural mestiza obligan a revisar la cuestión nacional y el papel del criollo en la historia.