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Más de US$ 130.000 millones están actualmente invertidos en criptomonedas que guardan paridad con el dólar, un volumen que inquieta al FMI y a la Reserva Federal de los Estados Unidos (FED), que buscan limitar su circulación por considerarlas peligrosas para la estabilidad financiera.


Más de US$ 130.000 millones están actualmente invertidos en criptomonedas que guardan paridad con el dólar (stablecoins), un volumen que inquieta a instituciones económicas del mundo como el FMI y la Reserva Federal de los Estados Unidos (FED), que buscan limitar su circulación por considerarlas peligrosas para la estabilidad financiera.

Las stablecoins han sido una de las principales vía de acceso al mundo cripto en los últimos años, sobre todo de pequeños inversores, que buscan refugio de la inflación y no quieren arriesgarse a comprar otras como Bitcoin o Ethereum, por la volatilidad de sus cotizaciones.

Sin embargo, no han estado exentas de peligros, ya que varios proyectos han tenido problemas o incluso desaparecido en el último año, como el caso de Terra/USDT, que provocó la desaparición de cerca de US$ 20.000 millones en pocos días a principios de mayo de 2022.

Sobre este punto, el Directorio del FMI señaló días atrás su temor a que una amplia adopción de los criptoactivos "podría socavar la efectividad de la política monetaria, eludir las medidas de controles de capitales y exacerbar los riesgos fiscales, además de grandes implicaciones para el sistema monetario internacional a largo plazo”.

De allí que cobra cada vez más fuerza la idea de que se emita una CBDC (Moneda Digital de Bancos Centrales, por su siglas en inglés) que permita al gobierno estadounidense tener un dólar cripto.

Es que, a diferencia del dólar norteamericano, la emisión de stablecoins ligadas al dólar depende de decisiones de empresas -Tether, Circle o Maker- a través de la tecnología blockchain que, por más argumentos que expongan a favor de la seguridad y la transparencia de estas operaciones, no deja de ser una suerte de "emisión secundaria" de dólares que la FED no puede controlar a través de sus instrumentos de política monetaria.

"Si la regulación tarda en llegar y los criptoactivos se convierten en un mayor riesgo para los consumidores y un potencial para la estabilidad financiera, la opción de prohibirlos (las criptomonedas) no debe descartarse”, señaló la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, en una entrevista reciente con Bloomberg.
La importancia de las stablecoins en la industria cripto responde a que, por un lado, son el medio de cambio a través del cual se compran o venden criptomonedas volátiles, como Bitcoin u otras, y, por otro, son el refugio ante escenarios de mucha incertidumbre en los precios, como viene ocurriendo desde hace un año y medio.

En ese sentido, a pesar del desplome del mercado cripto desde noviembre de 2021 -la capitalización total del mercado pasó de US$ 3 billones a cerca de US$ 1 billón actualmente (-66%)-, las stablecoins se mantuvieron con caídas mucho más acotadas.

"Aún sin recuperar los volúmenes de abril del año pasado, la capitalización del mercado global de stablecoins multiplica por 4 el volumen de hace dos años", dijo a Télam Juan Pablo Fridenberg, director de Asuntos Públicos de Lemon.

En la actualidad hay cuatro stablecoins que concentran el 98% del mercado: USDT (US$ 71.000 millones de capitalización), USDC (US$ 44.000 millones); BUSD (US$ 8.500 millones) y DAI (US$ 5.500 millones).

El caso de BUSD -la stablecoin de Binance, la mayor plataforma de intercambio cripto del mundo- tomó relevancia en las últimas semanas luego que la Comisión de Bolsa y Valores (SEC, por su sigla en inglés) de Estados Unidos forzara a la empresa (Paxos) que emitía los tokens en ese país a cesar su actividad, por vender BUSD como un "valor no registrado".

Esto provocó que más de US$ 10.000 millones huyeran de esa criptomoneda en las últimas dos semanas.

"Es normal la atención de los gobiernos y reguladores frente al dato objetivo de la adopción cada vez más creciente de criptoactivos en general; y de estables, en particular", aseguró Fridenberg, y admitió de que no hay que descartar un escenario de "hiper-regulación que tienda a redefinir o limitar algunos ecosistemas como el de las stablecoins".
Para Alejandro Rothamel, Chief Legal Officer de Ripio, la regulación de las stablecoins "es un tema en carpeta" desde hace varios años, aunque los episodios de "desmanejos y estafas de muchas grandes empresas" en 2022, como los casos de FTX, Celcius y otros, que dejaron a millones de usuarios damnificados en todo el mundo, hizo que cobraran más fuerza.

"El foco de la regulación tiene que estar puesto en la transparencia, la desintermediación y la protección al usuario", afirmó Rothamel a Télam, y añadió que son "optimistas" sobre la regulación en América Latina, ya los proyectos de ley sobre los que los han consultado en la región "son graduales y tienden a llenar vacíos en lugar de pretender regularlo todo de una vez y para siempre, lo que podría conducir a excesos".

En Argentina, el presidente del Banco Central, Miguel Pesce, aseguró días atrás que debería tratarse a los criptoactivos "como semejantes a los juegos de azar, y en ese sentido, nuestro objetivo debe ser aislar sus efectos del sistema financiero tradicional".

"Debemos focalizarnos en abordar los faltantes de datos para garantizar un monitoreo efectivo", sostuvo Pesce durante su participación en la primera reunión de Ministros de Finanzas y Gobernadores de Bancos Centrales del G20, en India.

De todos modos, para Rothamel los volúmenes de negociación de stablecoins en la Argentina "son prácticamente insignificantes en comparación a los datos que se publican sobre negociación de moneda extranjera".

"El regulador lo sabe y creemos que las medidas que tomará están más cerca de la protección al usuario que de una prohibición", pronosticó Rothamel.